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Y es que hay sitios que motivan…

El otro día tuve tiempo suficiente para pasear tranquilamente por la Universidad de Stanford. La primera impresión que me llevé fue que es un sitio inspirador.

Cuando llegas al campus te dan la bienvenida unos grandes jardines que dan paso a claustros, iglesias, plazas…como si de un pueblo rehabilitado de Castilla se tratara. Fue durante una tarde de verano en la que apenas había estudiantes y aun así, entre grupos de turistas asiáticos, seguía teniendo buenas sensaciones.

Iba en mi paseo cuando un grupo de chicos sentados en un banco, me pararon para saber mi opinión sobre el “brainstorming” en el que estaban trabajando. Me hicieron una introducción de lo que estaban haciendo y eran el típico ejemplo de lo que abunda en Sillicon Valley y San Francisco: jóvenes con Ideas y más Ideas pensando en cómo sacar adelante ese proyecto, para vender  su producto a inversores y llevarlo a la Acción. Más allá de lo que estos chicos proponían, si os lo cuento es por  el espíritu que se respiraba. Minimizando las posibilidades de fracaso y de cuan ridículos pudieran ser sus Ideas, eran cabezas pensantes pasándolo bien, porque es que además, de eso se trata.

California atrajo emprendedores ya con la fiebre del oro. Stanford ha sido cuna de importantes empresas técnicas y científicas así como de galardonados con el Premio Nobel. Ni qué decir de la Universidad de Berkeley, otra joya de esta tierra. Das una vuelta  un domingo por la tarde por San Francisco y ves como en los garajes hay grupitos de jóvenes trabajando en sus bocetos.  Las starts-ups crecen como setas aquí e insisto, es que el ambiente que se respira es muy motivador.

Quiero recuperar por ese “espíritu inspirador” el discurso  de Steve Jobs que hizo en Stanford en el 2005. Este speech se hizo famoso a raíz de su muerte porque son muchas las reflexiones que expone. Mensajes claros fruto de la historia de su vida que hace que valga la pena ver el video.

http://www.youtube.com/watch?v=vXJYrrLGNAo

“Si hoy fuera el último día de mi vida ¿haría lo que voy a hacer?”

 

 

 

Paciencia e Impaciencia

Seguro que os ha llegado por alguna vía este escrito que invita a la reflexión de lo que somos, fuimos y seremos.

La paciencia que tuvieron los que cuidaron de nosotros y nos ayudaron a crecer y la paciencia que nos piden para con ellos una vez empieza un deterioro cognitivo inevitable por el que pasaremos todos. Esta paciencia nace desde el cariño y la estima por el otro que es lo que nos hace crecer como personas y crecer como sociedad ante la comprensión por el otro.

Hay otro tipo de paciencia. La que trata de contener la impulsividad; aquella que te ayuda a tolerar la frustración ante un no; la que te permite tener capacidad de espera…aspectos que fisiológicamente los que presentan Déficit de Atención e Hiperactividad les es complicado mantener. Paciencia para concentrarse, para repetir actividades…paciencia para aprender,para reconocer un error, para corregirse.

A medida que crecemos ganamos en capacidad para aceptar las cosas como vienen pero a la vez perdemos ese habilidad por ser tenaces en lo que queremos. La paciencia que tiene un niño pequeño por aprender un instrumento, lo que le supone repetir y repetir una y otra vez trozos de partituras, no la tiene un adulto. Para aprender algo desde cero se requiere de muuucha paciencia y nuestro ego a veces no lo permite.

Paciencia es serenidad para aceptar las cosas. No es resignación y sí fortaleza.

tira cómica Calvin and Hobbes

Sin embargo, la impaciencia nos hace personas revoltosas y curiosas. Impacientes también son las personas despiertas y sensibles a los cambios. Personas creativas que por no querer esperar porque les aburre o porque no toleran la situación deciden explorar otras vías, ¿habrá otro camino? se plantean. Así nacen ideas nuevas que nos llevan al desarrollo y por eso, también crecimiento. Y esta es una idea que leí del emprendedor Martin Varsavsky en su blog, que aquí os  dejo!