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Reestructurando el fracaso (parte II)

Reestructurando el concepto de fracaso…

Explica un cuento chino la historia de un viejo granjero que tenía un caballo para cultivar sus campos. La gente del pueblo, que era muy pobre, al verlo montado sobre el caballo, decían siempre:
-¡Qué buena suerte tienes por tener un caballo que te ayuda a trabajar el campo!
A lo cual el granjero siempre les contestaba encogiéndose de hombros y restándolgood luck, bad luck, failuree importancia:
– ¿Buena suerte? ¿Mala suerte? Quien lo sabe… ya se verá…
Sucedió entonces que un buen día el caballo se escapó a las montañas. En cuanto los vecinos se enteraron fueron a ver al granjero para lamentar su desgracia. El granjero no obstante, les replicó con su habitual calma:
– ¿Mala suerte? ¿Buena suerte? Quien lo sabe… ya se verá…
Pasadas unas semanas y cuando ya nadie lo esperaba, el caballo finalmente regresó. Pero no regresó solo, trajo consigo cuatro caballos salvajes. Corrió la voz y la gente del pueblo se acercó a visitar al granjero y así poder compartir su alegría.
-¡Qué buena suerte has tenido! No solo vuelves a tener tu caballo sino que ahora además tienes cuatro magnificos caballos que podrás domar y vender.
El granjero impasible respondió de nuevo:
– ¿Buena suerte? ¿Mala suerte? Quien lo sabe…ya se verá…
El granjero tenía un hijo que se ofreció inmediatamente a domar los caballos. Al día siguiente, al salir el sol sacó el primer caballo del establo y lo quiso montar. Pero el caballo en su intento de liberarse tiró al hijo del granjero al suelo con tan mala fortuna que éste se rompió ambas piernas. Una vez más el pueblo entero se acercó hasta la granja para compadecerse de la mala suerte del granjero.
– Que mala suerte has tenido. ¿Quien te ayudará ahora en las pesadas tareas de la granja? Sin embargo, el granjero dijo una vez más:
– ¿Mala suerte? ¿Buena suerte? Quien lo sabe… ya se verá…
Unos días más tarde, llegó el ejército a reclutar a todos los jóvenes del pueblo porque el país se había declarado en guerra. No obstante cuando vieron que el hijo del granjero tenía las piernas rotas, lo dejaron en la granja junto a su padre. Apenas se enteró el pueblo, la gente corrió a ver al granjero para felicitarle puesto que era el único joven de todo el pueblo que se había librado de ir a la guerra. Una vez más, el granjero se encogió de hombros y con una sonrisa tranquila les dijo:
– ¿Buena suerte? ¿Mala suerte? Quien lo sabe…ya se verá…”

Y así termina la historia.Vaya, vaya… lo que en principio parece un fracaso luego resulta una buena noticia. Cuando decidimos tomar una Acción no sabemos lo que es mejor o peor puesto que nunca tenemos la certeza de cómo va a resultar. Además, son siempre un conjunto de factores los que están relacionados (la realidad es circular, pero esto lo dejo para otro día). Lo mejor que podemos hacer es analizar las opciones con nuestra razón y experiencia para luego pasarlo por el tamiz de las emociones y valorar nuestro grado de motivación ya que de aquí saldrá la fuerza para lograrlo. Entonces es cuando podremos reestructurar si la decisión que hemos tomado ha sido un fracaso o no.

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